• Compra de “peluca cabruna” por un sombrerero

    23 octubre 2013 • Blog

    Los sombrereros establecidos en Betanzos, entre cinco y siete maestros a lo largo del siglo XVII, pertenecían al gremio de las Artes y Oficios, advocación de la cofradía de Nuestra Señora del Rosario, instituida en un principio en la iglesia de Santa María del Azogue y trasladada a la iglesia del monasterio de Santo Domingo en 1590. La actividad profesional les valdría contar con calle propia, que discurría desde la Puerta Real o de la Villa en dirección a la Puerta o arco del Puente Viejo (véase nuestro artículo Reforma de la puerta del Puente Viejo en el siglo XVII, en Betanzos e a súa Comarca del 1-11-2004).

    El 6 de noviembre de 1633, Úrsula Yañez, viuda del sombrerero Francisco Rodriguez, le vendía al mercader Alonso García de Carvallido, también vecino de Betanzos “Una casa en la Calle de los sombrereros que llaman de Doña Mençia con su alto y bajo que ace frente a Cassas de Juan Lopez de rringlo escribano del numero de dicha ciudad…” (Archivo Notarial Coruña. Protocolo 313, folio 66, del escribano Domingo de Cernadas, del número y ayuntamiento de Betanzos). Esta calle de Doña Mencía, actual calle de los Plateros, ya se conocía con el nombre de esta ilustre dama en el siglo XVI y se mantendría bajo esta titularidad durante varios siglos.

    Sobre la actividad desarrollada por los maestros y oficiales en la enseñanza de aprendices de sus respectivos oficios, hemos dedicado buena parte de la conferencia ofrecida en el año 2005 en el Centro Betanzos de Buenos Aires con motivo de su Centenario, entre cuyos contratos figura la obligación de instruir a los futuros sombrereros en la elaboración “…de sombrero vasto, fino y entrefino…”, para cuyas variedades y apresto tendrían que proveerse de distintas clases de lanas y productos.

    En el año 1645, el Procurador del Número Domingo Bermúdez, como curador y tutor de su hijo Domingo Bermúdez de la Torre, le aforaba al sombrerero Antonio de Montaos una plaza de casa que linda:

    “…por la delantera en la Calle Real que ba desde la puerta Real desta ciudad para la Rua Trabesa y pescaderia della, segun antes dicha plaça fue casa con su alto y bajo segun la bibio Miguel de Leon escribano su suegro al que fue dada en dote con Dominga Gonzalez de la Torre abuela del dicho su hijo y se quemó dicha Casa en el ynçendio general desta ciudad de manera que no tiene ninguna teja, madera ni piedra mas de hestar rassa…” (Ibídem.Protocolo 258, folio 62, del escribano Pedro Manzanas de Moscoso, del número de Betanzos).

    Se observa, como transcurridos treinta años del devastador incendio de 1616, que arrasaría buena parte de la ciudad, todavía se padecían sus consecuencias, habida cuenta de que este solar era vendido porque su propietario y otorgante no había encontrado alarifes que le construyeran un nuevo edificio. En cuanto que Antonio de Montaos lograba una situación envidiable para su negocio, en la antesala de la calle de doña Mencía o de los Sombrereros.

    Se trataba de un destacado maestro sombrerero, si nos atenemos a que mientras sus colegas Antonio Díaz y Antonio García importaban lanas de otras tierras para su oficio, él se procuraba materia prima de primera calidad como lo era el pelo de cabra. El primero de los citados, le debía quinientos reales de vellón al mercader Blas González, vecino de Medina de Rioseco, por una partida de lana, y como hubiese fallecido sería su hijo Juan González el que habría de reclamar la deuda (Ibídem.Protocolo 291, folio 129, del escribano Domingo Diaz Hermida. Betanzos, 15 de marzo de 1642). El segundo se concertaba en Betanzos, el 18 de noviembre de 1684, con:

    “…Claudio Martinez bezino y natural de la villa del Recuenco tierra Cuenca Reyno de Castiga (sic) y dijo se obligaba… de traer a esta Ciudad y a poder de Antonio Garçia sonbre[re]ro vecino desta Ciudad diez arrrobas de lana de su oficio basta para principios del mes de Febrero que biene… y por ella le a de dar y pagar…a razon de treinta Reales de bellon la arroba…” (Ibídem. Protocolo 585, folio 20, del escribano Tomás Mosquera, del número de Betanzos).

    El 27 de enero de 1660, Antonio de Montaos formalizaba una escritura de obligación por ante el escribano Domingo de Amenedo, del número y ayuntamiento de Betanzos, por la que se comprometía:

    “…de dar y pagar…a Pedro Res (Rodriguez) de Parga el biejo vzº (vecino) de dha ciud…sieteeçientos y ochenta Y ocho Rs (reales) de a treinta y quatro mrs (maravedis) cada uno Por Racon de una partida de peluca Cabruna que le bendio oy dho dia y el dho antonio de montaos confesso aber Rescivido de su mano…y pusso plaço para le dar y pagar dha cuantia dentro de un mes y medio so pena de Exon( ejecución) y Costas…Por no saver firmar Rogo a un Tº (testigo) firme por el de su nre (nombre) estando presstes por tos (testigos) Pedro Fes (Fernández) Rico y Jacinto Goncales sonbrero (léase sombrerero) y Domingo sses (Sánchez) Todos vzos de dha ciud e yo ssº doy fe conosco al otorgte (otorgante) =emendado=de=bala=.[Firmado]. Domingo de Amenedo.[Rúbrica].”.( Archivo del autor).

    Lo que nos trae al recuerdo, con la debida reserva y distancia, los sombreros de fieltro como símbolo de distinción, refinamiento, y hasta para mostrar el status social de su portador, sino para alzar la cresta algunos cretinos que lo entienden como prenda de superioridad o supuesto ascenso de su originaria condición, según censuraría en sus epigramas y dísticos el bilbilitano Marco Valerio Marcial, en celebrada narración de su paisano el cronista José Verón Gormaz, autor de la obra “Las Puertas de Roma”.

    En su testamento, fechado en Betanzos el 24 de abril de 1667, declaraba tener una deuda pendiente con el mercader Andrés de Soto, vecino de Rioseco, por suministros de materia prima, que manda sea atendida por sus cumplidores. Fallecía en la misma ciudad el 6 de mayo de 1667, por lo que el Teniente de Corregidor, Benito Gómez Beya, ordenaba el recuento de sus bienes, entre los que se encontraban los utensilios propios de su oficio, a saber:

    “…una docena de ormas de sonbreros, una plancha de cobre del oficio de sonbrerero, un tablero de lo mismo en la bodega, un arco de lo mismo, un trocho del mismo oficio, dos yerros de enfurtir los sonbreros…”. (Archivo Notarial Coruña. Protocolo 342, folios 70 y 83, del escribano Domingo de Amenedo, del número y ayuntamiento de Betanzos).

    Transcurridos diez años, el 13 de septiembre de 1677, su viuda doña Isabel Alvarez de Andrade, otorgaba escritura de dote para casar a su hija doña Andresa Alvarez de Andrade (conocida asimismo como Andrea), con Andrés de Villar, Notario y Receptor de la Audiencia Arzobispal de Santiago, hijo de Gregorio Sieiro y de Catalina de Villar, vecinos que habian sido de San Juan de la Puente, obispado de Lugo, a la que para ayuda y alivio de las cargas del matrimonio la beneficiaba con la renta del lugar de Cámara, y otros bienes sitos en San Esteban de Loureda.