• El primer pendón del gremio de los labradores (II)

    Publicado en Betanzos e a súa Comarca el 01/05/2005. Página 30.

    El Sr. Regueiro con el pendón de los labradores. Foto publicada por nuestro ilustre antecesor el cronista Vales Villamarín.Dicho pendón está confeccionado en tela de damasco carmesí y bordeado de fleco blanco. Observa unas dimensiones de 1,60 m. de batiente y 0,68 m. desde el astil al vértice de conjunción de las farpas, única medida esta última coincidente con el pendón o enseña municipal. En la tercia al asta, como punto de honor, se sitúa el escudo oblongo con las Armas Reales, Toisón y Corona, reducidas al escudo pequeño de España cargado del de Borbón, en lugar de “todas las de sus Reynos y sseñorio” que figuraban en el antiguo pendón según va dicho, y sujeto al tejido por una cinta oculta en el reverso, que en los años cuarenta del siglo pasado se convirtió en un lazo como atadura, cuyas puntas afloran por un orificio abierto en la punta del medallón, coincidente con el cordero o Toisón representado en el cabo del collar de esta Orden, pintado sobre lienzo y adherido sobre un cartón de 0,32 por 0,27 metros de campo. El asta mide dos metros y está provista de regatón y punta de lanza.

    Desde tiempo inmemorial, aunque documentado en 1756, primero el estandarte y después el pendón, se acompañaba y era custodiado por “quatro alabarderos”, y su portador era “otro labrador con su morrión e hierro, pecho y espalda de los mismo, con bandera en las manos y en ella las mismas Armas Reales de España” y “con su espada a la cintura” (En nuestra Historia Documentada de Betanzos. Tomo I, página 522). En nuestros días el guión era guardado únicamente por dos alabarderos, el mismo número de alabardas que se conservan.

    La Danza de los Labradores se presenta en los desfiles en forma de U, enlazados con sus espadas blancas que empuñan con la mano derecha, mientras con la izquierda sujetan la punta de la espada del de adelante. Cierran esta formación, la misma que adoptan para iniciar el baile, los alabarderos y el porteador del pendón entre ellos, al centro y en línea con el guía de la danza.

    Una de las principales preeminencias de esta agrupación gremial era la de abrir marcha en la comitiva municipal:

    “y quando sacan y entran a los rrejidores y Justizia de sus Casas Consistoriales… en forma de ciudad, dichos danzadores de espadas hazen la ceremonia y danza delante dellos publicamente, y si no lo ejecutaran hasí, en tal caso, contravenían a la posesión y la misma Ciudad les castigaría y niultaría…” (Archivo del Reino de Galicia. Legajo 1.915-25. Año 1757).

    En el sentido antecedente, la desavenencia con la autoridad vendría dada por su participación en las fiestas patronales del año 1939, al excusar su asistencia en los festejos públicos, y negativa de la que daría cuenta el concejal Don Santiago Moretón Simón, como portavoz de la Comisión, en la sesión municipal del 19 de julio de 1939, por cuanto:

    “que habiendo cruzado impresiones con la danza de labradores, ésta le manifestó a la Comisión, a medio de su representante, que sólo saldrían á danzar acompañando al Ayuntamiento en la junción votiva y en la procesión, y por ello pedían la cantidad de 15 pesetas por individuo”.

    Serio inconveniente debido a la escasez de recursos, que no duda en justificar “haciendo notar la escasa cuantía de que se dispone para llevarlas a cabo”.

    La respuesta de la Excma. Corporación es inmediata, y en la misma sesión resuelve poner en claro su situación:

    “y por lo que respecta a la danza de labradores y dados ya los antecedentes que existen, que hacen notar una preconcebida falta de colaboración con la municipalidad, y también escaso entusiasmo patriótico, significado con motivo de la reciente venida del Caudillo a Galicia, acordó por unanimidad, que se prescinda de utilizarla, y que se le reclame el pendón y las alabardas, que indebidamente tienen en su poder; así como los sables que utilizan para las danzas, prohibiéndoles, además, que bajo ningún motivo salgan á danzar; para lo que carecen de toda clase de atribuciones, por no ostentar ninguna representación legal”.

    Como así era en efecto, y si bien no llegó a consumarse el acuerdo antecedente, si se había resquebrado la buena sintonía que históricamente los había hecho marchar juntos corporativamente. Esta fugaz ruptura presagiaba las desavenencias que habrían de producirse en el seno de los componentes de la danza, y que a la larga provocaría la desaparición del último resquicio de esta antigua y noble asociación gremial.

    Concebimos la esperanza de que algún día los poseedores del pendón y de las alabardas sientan la conveniencia de depositarlos en el Museo das Mariñas, institución que hemos formado para conservar, exponer e ilustrar a las distintas generaciones sobre el potencial cultural de nuestro pueblo. Sin lugar a dudas, todos les quedaríamos muy agradecidos.