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Periódico "Betanzos e a súa comarca". Junio 2004. Página 38 | |
Los fuertes lazos de amistad entre Ricard y Mazás se mantuvieron en lo futuro, hasta el punto de participar en algunas transacciones mercantiles en calidad de testigos. El 7 de marzo de 1626, Antoni Ricard se compromete a pagar al doctor Antonio Rodríguez de Lago(1), Teniente de Corregidor de la ciudad de Betanzos, veintitrés ducados, tres reales y un cuartillo
Por esta escritura de obligación el pago se vería aplazado hasta el siguiente primero de abril, y se firmaría en presencia de Marcos Mazás, Rodrigo López de Aro y Andrés Felpeto, testigos de la operación(2). La primera cita en la que figura Marcos Mazás como "maestro de agua ardiente", se encuentra en una escritura de obligación fechada en Betanzos el 14 de septiembre de 1630(3). El 28 de septiembre de 1635, realiza una compra de vino al mismo Regidor anterior, y se compromete a que:
Por el precio del vino se desprende que debía tratarse de vino "abotado" con destino a la destilación, puesto que el valor del vino para consumo particular y atabernado alcanzaba los veintidós maravedís el azumbre, como máximo registrado entre los contratos pertenencientes a este año. La actividad como aguardentero no le privaba de participar en otros negocios, como ya hemos ilustrado en el número 134 de este periódico, correspondiente al mes de enero del año en curso. El 16 de enero de 1642 son presentadas ante escribano las cuentas del hospital de Nuestra Señora de la Anunciata pertenecientes al año anterior, por su responsable el hermano Francisco Pérez, de la congregación hospitalaria de los obregones, en la que se incluye la siguiente partida:
El asiento antecedente nos muestra la faceta de vendedor de maderas y de pan del Sr. Mazás, que compaginaba con la fabricación de aguardiente, venta de frutas para la exportación e incluso de arrendatario de la diezma de la mar en alguno de sus ramos. De su matrimonio con Catalina Fernández, tuvieron por único hijo a Francisco Mazás, hermano de leche del hijo del francés Antoni Ricard y de su mujer Ana de Goya. El 9 de octubre de 1643, otorgan escritura de dote para casarlo con María López de Prado, vecina de Betanzos, en la que además del ajuar y "diez ducados de bellón", sus padres le ceden la huerta que poseían en el Carregal poblada de árboles frutales, a libre disposición "sin que dellas de cosa ninguna al dicho Marcos Mazás" (Ibidem. 292, folio 236). Los años no pasaban en balde, y se ve en la necesidad de liberarse de algunas obligaciones. Por foro de la cofradía de la Santísima Trinidad, advocación del gremio de los sastres, llevaba una propiedad labradía "segun los plantó de bina el dicho Marcos Mazas", de "dos jornales... en la montería de Ribalta" (Ibidem. 293, folio 36), que por no poder labrar entregó libre a su mayordomo Antonio Fanego Barela, el 15 de febrero de 1644, y con su consentimiento efectuó el traspaso de su derecho a Juan de Pedroso, mercader vecino de Betanzos, en la misma fecha (Ibidem. Folio 37). Con el traspaso anterior se inicia el potencial decaimiento económico de Marcos Mazás, quien para ayudar a su hijo Francisco y a su nuera María a formar un hogar, se ve obligado por el licenciado Juan Aba de Figueroa a concertar el alquiler de una vivienda conjuntamente con su hijo, a fin de garantizar el exacto cumplimiento de las condiciones del contrato. El 26 de abril de 1645, Francisco requiere al licenciado mediante testimonio de escribano, sobre la realidad del arrendamiento que les había hecho, a él
Según se observa, los ingresos de Francisco eran escasos, ni había seguido el oficio de su padre, ni su actividad como labrador le procuraba mayor prodigio, tampoco parece que se preocupara de buscarse la vida, salvo de atender el cultivo de las viñas y las huertas que llevaba en arrendamiento. El 18 de noviembre de 1644 le arrienda a Juan Vázquez de Parga, como tutor y curador del menor Pedro Janeiro, una serie de viñas blancas y tintas "en la montería de Ribalta, otra en Cerdeiras de Riva, otras quatro en el monte de Mandeu a do dicen Oliveira" y una huerta en este último lugar que, como se ha visto, no producían lo suficiente como para atender el alquiler de la vivienda (Ibidem. 293, folio 147). ________________________________ (Continuará) |