• La participación de Betanzos en la guerra con Portugal (I)

    Publicado en Betanzos e a súa Comarca el 01/06/2002. Página 19.

    En el segundo tercio del S. XVII nuestros soldados son trasladados
    a la frontera con Portugal “en defensa deste Reino”

    Fuerzas militares del siglo XVII. Archivo Histórico Militar. MadridDurante la guerra de la Independencia de Portugal (1640-1668) se realizaron reclutamientos forzosos para reemplazar la fuerza del Ejército. Estas levas eran alistadas por sorteo entre los varones aptos para el servicio en orden a su registro bautismal, de ahí que fuesen llamados “soldados de pila”.

    En Betanzos se nombraba un “Cabo diputado de los ynfantes de pila de dicha ciudad, su jurisdicion y provincia”, cargo que era rotativo entre los capitulares del Concejo o por elección en acuerdo de ayuntamiento, y responsable de todas las gestiones precisas hasta la incorporación de los infantes “en la conpanía y tercio que le fuese senalada”.

    Sin entrar en los traumas que suponía para el mozo y para sus allegados el momento de su incorporación a filas, la documentación que manejamos presenta un panorama cuajado de desgracias, donde se conjugan transacciones de pago aplazado, fianzas carceleras y anti deserción, contratos de sustitución y de garantías de tránsito.

    Un recorrido documental que permite entrever la negativa repercusión económico-social de esta contribución de sangre, de la que muy dificilmente podían escabullirse los pecheros por muchas argucias que practicaran, como la falta de salud y la edad, de no provocarse mutilaciones.

    Cada feligresía tenía la obligación de “bestir y alinar” al soldado en quien había caído la suerte de servir al rey, lo que suponía un repartimiento más entre los vecinos que, al igual que el propio servicio, era visto como la mayor de las desgracias.

    El comercio de Betanzos estaba preparado para abastecer a las feligresías del equipo necesario para la campaña, de cuyas transacciones al fiado han quedado curiosos testimonios reflejados en los contratos de venta que, como era habitual, se habrían de concertar y elevar a escritura pública ante escribano.

    En esta guisa, lo otorgaron los vecinos de San Martin de Cabruy el 8 de enero de 1660, ante Domingo de Amenedo, escribano, del número de la ciudad de Betanzos, al obligarse a pagar al mercader Andrés Vazquez de Mella “familiar del ssanto oficio de la Inquisición deste Reyno… a saver ciento ochenta y ocho Reales por racon de cierto pano que llebaron de su tienda fiado… y pusieron placo… para ocho dias del mes de febrero primero benidero deste pressente ano… de contado”.

    En la misma escribanía anterior también lo efectuaron Juan Sánchez “Teniente merino de la jurisdición de Parada”, quien se comprometía, el 26 de junio de 1660, a pagar en el plazo de ocho días al mismo mercader “çiento y veintitres Reales de a treinta y quatro maravedis cada uno, los quales son por raçon de dos bestidos que sacó de su tienda para dos soldados infantes depila de dicha jurisdición”; y el labrador Andrés de Martín, vecino de Santa María de Mezonzo, el 30 de enero de 1661 se obligaba con su persona y bienes a pagar “al alferez Sebastian Lopes Mosquera, mercader vezino de la dicha ciudad… es a ssaber ciento y seis Reales de a treinta y quatro maravedis cada uno, los quales son por rraçon de cinco baras y medi de parto… para bestir y aunar un soldado de pila de la dicha feligresía… dentro de quince días”.

    No es de extañar que un mercader ejerza al mismo tiempo como alférez de una de las tres compañías de milicias populares de la ciudad, puesto que en esta época el cargo no implicaba la dedicación exclusiva, por limitarse a garantizar el orden en la comarca y a defenderla en caso de invasión.

    En cuanto al papel de estas milicias en la defensa del Reino, se consideraban como un ejército de reserva. Por lo regular, las partes contendientes establecían treguas durante el invierno, en razón de los rigores de la estación que se traducían en dificultades para el movimiento de tropas y pertrechos. La pausa en las hostilidades aliviaba la presión ejercida sobre las posiciones conquistadas durante el estío, lo que proporcionaba un ligero respiro a los ejércitos aunque con atentas miras en la siguiente campaña.

    El año alboreaba con visos de guerra y de nuevo los sorteos se unían a la parafernalia bélica, premonitora de buen tiempo y consecuente sazón para enfrentamientos. Había llegado la hora de partir para nuestros milicianos, por orden directa del capitán General del Reino de Galicia, con el fin de mantener la plaza de Monzón (Monçao), rendida el 7 de enero de 1659:

    “Domingos douteiro mercero vezino desta ciudad… dijo que por quanto su merced el capitan Francisco Erce das Seijas, con orden que tubo de su Exª. el senor marqués de Biana, Gobernador y Capitán General deste Reino, para ir a la frontera de Portugal con diez onbres de su Compañía a la placa de Monçon, para lo qual avia presso a Juan Lopez destrada, vezino de la dicha ciudad, y puestole con los demás en las Cassas de aiuntamiento con guardas asta que quisiese partir, por lo qual les avia entregado a Sebastian Lopez Mosquera, alférez de su Conpania, el qual dicho Juan Lopez… avia pedido al dicho alferes le soltasse, de que daría fiancas… de que estaría pronto para caminar al punto que fuesse llamado y abisado en su casa y a su muger para marchar en dicha leba… se obligaba y obligó en forma con su persona y bienes muebles Raices abidos y por aber de que… saldrá con sus armas a cassa del dicho Capitan para la marcha so pena… en que incurren los traidores a su Rey y Señor natural… y para más seguridad el dicho Domingo Douteiro su fiador… se obligó con… su persona y bienes de que el dicho Juan Lopez destrada estará pronto para ir en dicha leba luego como sea abisado en su casa El, su muger o criados…”.

    (Ante Domingo de Amenedo, escribano de la ciudad de Betanzos, el 16 de enero de 1659).