• Frustrado derribo de la Iglesia de Santa María de Betanzos

    26 marzo 2016 • Blog

    La iglesia de Santa María desde el campanario de San Francisco. Foto Gabín.La Primera Guerra Carlista tuvo lugar durante las Regencias de doña María Cristina de Borbón y del general Espartero (1823-1843), con la alternancia en el poder de las corrientes ideológicas de progresistas y moderados liberales, que gestarían la formación de los partidos políticos encabezados por el general Espartero y el general Narváez, respectivamente.

    Fueron tiempos de inestabilidad política, con pronunciamientos militares, promulgación de la Constitución de 1837 y un largo etc., que con el plácet bicameral promulgó algunas leyes progresistas que suprimen los gremios, los mayorazgos y el régimen señorial, además de implantar la desamortización de Mendizábal, entre otras medidas adoptadas para atraer a los beneficiarios de los cambios a la causa liberal, entre otras relevantes disposiciones para modelar la sociedad en base a sus principios y a su conveniencia.

    En este clima de inestabilidad, crispación, levantamientos, amén de gobierno autoritario, tuvo lugar en 1843 la revuelta militar del general Narváez, un periodo convulsivo que afectó a toda la Nación, y que provocó graves tensiones con la Iglesia y otros estamentos de la sociedad.

    Según manifestamos en la entrada anterior, fue una época marcada por la transformación y destrucción de buena parte del patrimonio artístico-monumental de nuestras villas y ciudades, como venimos ilustrando. Una buena muestra de la irracionalidad imperante tuvo su origen en la Sala Capitular del ayuntamiento de Betanzos, al disponer la demolición de la monumental iglesia de Santa María del Azogue, con el fin de ampliar el espacio público en servicio de la comunidad, extraordinario ejemplar de transición del románico al gótico, y que el ilustre republicano y cronista oficial don Ángel del Castillo consideró que “En su estilo, es la más hermosa de las parroquiales de Galicia”, no en vano fue declarada monumento nacional el 29 de septiembre de 1944.

    Sucedía este desatino dos años después del abrazo de Vergara, con el que se puso fin a la Primera Guerra Carlista, el 31 de agosto de 1839. En el mes de julio de 1841, se hacía constar en el ayuntamiento:

    “Que la copia de instancia que elebaron varios vecinos de la Parroquia de Santa María del Azogue de esta Ciudad a S.A. el regente del Reyno, pidiendo no acceda a la demolición de la Yglesia de su Parroquia solicitada por este Ayuntamiento, y que el Señor Gefe Político pasó a esta corporación con oficio fecha 27 del pasado Junio pase a los Procuradores Síndicos generales para que emitan en el particular su opinión, afin de evacuar el informe que pide dicha Superioridad ” (Archivo Municipal de Betanzos. Caja 23, sin catalogar).

    Menos mal que la cordura de los vecinos estuvo a la altura de las circunstancias y pudo salvar del exterminio la iglesia de su parroquia. Una actitud que la ciudadanía betancera debe adoptar para defender el recinto histórico-artístico de la ciudad, tan amenazado por la incuria de los responsables de su conservación y cuidado, como principal exponente de nuestro devenir histórico y cultural, y exclusivo potencial turístico de una capital del antiguo Reino de Galicia, digno de ser conservado y administrado en favor de la riqueza de nuestro pueblo.

    El ilustre historiador don Manuel Martínez Santiso nos dice en la página 446 de su Historia de Betanzos (1892) que:

    “…Al intentar apoderarse el Estado de los bienes de Santo Domingo, el conde de Taboada, D. Vicente Roldán y Gil, Alcalde de esta ciudad, se opuso, alegando que en la fundación se había previsto el caso de una usurpación de esta especie, y consiguió que aquellos bienes se le entregasen: más tarde el mismo conde evitó la demolición de la iglesia con gran satisfacción del público…”.

    Aquellas connotaciones anticlericales e iconoclastas se mantendrían durante el siglo XIX, como el derribo y destrucción del monasterio de San Francisco, incluido su artístico claustro medieval, según se acuerda en la sesión municipal del 19 de agosto de 1873:

    “…Se dió cuenta de los gastos que ocasionó la demolición del claustro y fachada del ex-convento de S. Francisco que fué necesario para la apertura de la calle de travesía que desde ésta, da servicio a la Ribera, formada por Luis Fero Dopico, como encargado al efecto por la comisión de obras; y el Ayuntamiento por mayoría acordó prestarle su conformidad y que desde luego se haga entrega a Luis Fero Dopico, de los 2.940 reales que importaron aquellos según dicha relación, deduciendo de esta suma, la de 700 reales que dejó de entregar por el remate que obtuvo a su favor de las maderas y teja que contenía el claustro y fachada relacionados, quedando por tanto reducido el crédito a 2.240 reales…” (En nuestra obra Morfología Urbana de Betanzos de los Caballeros, editada por el Ayuntamiento, Gadis y Abanca en 2015, página 121).

    El mismo espíritu destructor que daría pie a que el sastre don José Novo Rodríguez, el “Ánimas”, adscrito a la izquierda republicana, escribiera en la revista Betanzos, publicación oficial del “Centro Cultural Betanzos” portavoz de la Colonia Brigantina en Buenos Aires, número 2 del mes de diciembre de 1931, el artículo titulado “San Roque y la tradición”, en el que pone en entredicho el tradicional culto a nuestro Santo Patrono, y suelto en el que finaliza afirmando que:

    “…Cuando en Betanzos se supla la música gangosa y asmática del armonium por el ruido del motor y de la forja, cuando la fábrica sustituya al convento, cuando hiendan el espacio las chimeneas de sus fábricas en vez de las espadañas de sus templos y despierten a la ciudad el ruido de las sirenas de sus industrias, acallando el sonido sombrío e impertinente de las campanas, posiblemente perderá en historia y leyendas epopéyicas de un pasado muerto; pero ganará en progreso y cultura, que es acción, que es vida, que es actualidad”.

    Entre otras opiniones que demuestran el nivel de su instrucción. Poco tiempo después, siendo alcalde el 14 de mayo de 1932, propició el derribo y destrucción de “…los venerables cruceros del Rollo, de la subida a Nuestra Señora, de la carretera de Castilla, de la Ribera -algunos alumbrados- con farolillos que costeaba la devoción popular”, según publicaba en primera plana La Voz de Galicia del día siguiente con el encabezamiento “Un hecho salvaje en Betanzos – La bárbara ofensiva contra los cruceros – Cuatro aparecieron destrozados”, aunque fueron muchos más según hemos enumerado en la nota nº 264 de la citada obra sobre Morfología.

    Y mentalidad o ideología que llevaría a la quema de la iglesia y convento de San Francisco de Betanzos el 22 de julio de 1936, después de haberlos saqueado, y que sucumbió con el fuego de las incendiarias turbas republicano-socialistas que, para asegurar su destrucción,  previamente rociaron con gasolina. Como muestra de agradecimiento por su buen hacer en el ejercicio de su cargo, sus coetáneos contemporáneos le han dedicado una calle titulada “Rúa Alcalde José Novo” , toda una paradoja del destino. Los vencedores del alzamiento no se lo perdonarían, de manera que fue injustamente fusilado el 29 de julio de 1936.

    No acabó aquí la cosa, también la piqueta alcanzó al “Estanque de los Papas”, entre otros monumentos de la finca “El Pasatiempo”, fundado y creado por el ilustre benefactor de la ciudad don Juan María García Naveira en 1893, que fue allanado en el año 1986, después de una cata en la que claramente se demostró la posibilidad de su rehabilitación, durante el mandato del socialista don Manuel Lagares Pérez, y acción en la que se derribaron los muros que lo cerraban y todos los elementos artísticos que todavía permanecían en pie, para construir un campo de fútbol como única y viable posibilidad de salvamento. La motivación o culpa la tuvo el titularse de los Papas, a quienes se invitó en lo sucesivo a jugar al balompié.