• Sanción de pelucas

    Publicado en Betanzos e a súa Comarca el 01/01/2011. Página 32.

    Maceros de la Excma Corporación del Ayuntamiento de Betanzos, cuya indumentaria merece ser recuperadaDebió de causar gran expectación en esta ciudad la original e insólita multa impuesta, el 25 de Mayo de 1796, por el Corregidor Don Andrés de Santolaria (1794-1800), sin duda el mandatario más querido por los vecinos de Betanzos durante el Antiguo Régimen.

    A principios del mes de Febrero de dicho año, el betanceiro Gregorio Benito de Canda le vendía a Vicente Cabaleiro, vecino del lugar de Mempás, una viña y parral en la montería de San Xiao. El yerno del vendedor Don Sebastián Asorey, Tercianista mayor de la Renta del Tabaco, pretende la recobración de la heredad y, en el entretanto, su suegro se mantiene sobre la propiedad cultivándola Sebastián de Santiago y otros jornaleros por su cuenta.

    A tenor de semejante conducta, no le queda otro remedio a Vicente Cabaleiro que presentar una denuncia ante el Corregidor, con el fin de que se le entregue la propiedad adquirida, quien no vacila en dictar un auto, el 24 de Mayo de 1796, por el que ordenaba no se le perturbase en el “uso y posesión de la dicha pieza”, bajo una pena de veinte ducados en contrario.

    El comisionado para comunicar el auto a Benito de Canda, según era conocido, sería el alguacil Simón Vázquez quesería maltratado de palabra por aquél y en altas voces en plena Calle de la Ribera de Arriba, junto al Puente Viejo, según manifestaba ante el escribano instructor Don José María González Barreiro.

    Al día siguiente, el Corregidor Santolaria dictaría sentencia condenatoria contra Benito de Canda, imponiéndole una sanción por su agresiva actitud hacia el alguacil y pronunciaba en los siguientes términos:

    “… Para contenerle en lo adelante y ebitar yguales excesos no sólo con el sobre dicho sino con otros: Tenemos en consideración las ningunas facultades que tiene esta Ciudad, a la que aún para sus gastos ordinarios no le Alcanzan sus propios y a la Indecencia a que por lo mismo concurren a las funciones públicas los Mazeros, en las que se presentan sin peluca alguna, se le pena en el costo de Dos Pelucas regulares blondas para los referidos, al citado Canda las que presente dentro de quince dias y pasados con apremio sin más aceto ni providencia, lo que se le haga saber para su cumplimiento; Y se le previene que a lo subcesivo se contenga de dar iguales respuestas sin embargo del Acaloramiento que excepciona pena de maior Providencia.
    Así lo providenció mandó y firma el Señor Correxidor y Capitan A guerra por S.M. en Betanzos a veinte y cinco…”.¹

    Estas pelucas rubias con el resto de los atributos y gran parte del Archivo de la Ciudad, serían destruidos por los franceses el 11 de Enero de 1809, fecha de su entrada y ocupación de Betanzos, y no serían repuestas hasta el año 1815 para servir en los actos de la Proclamación de Fernando VII, celebrados los días 9, 10 y 11 de Agosto de este año.

    La hija de Benito de Canda y de María Cándida Pinto y Malbar, se llamaba María Canda y Pinto, casada según va dicho con Don Sebastián Asorey y Blanco, y la segunda de sus tres hijas habidas durante su matrimonio fue Doña Francisca Asorey Canda, que casó con el escribano Don Feliciano Vicente Faraldo “Alias Pitis”, y el cuarto vástago de estos últimos sería Don Antolín Faraldo Asorey, infatigable paladín contra el centralismo, padre del regionalismo gallego, y seguramente el brigantino más trascendental de la Época Contemporánea.

    Se da la circunstancia que el monumento levantado en su memoria, se encuentra situado en el solar del antiguo Alfolí Real de la Ciudad, en el que había trabajado su tío abuelo Don José Canda y Pinto, medidor de sal de pala expelida, y lugar en donde se había producido el desafortunado encuentro entre su bisabuelo y el alguacil.

     

    ¹ Archivo Notarial de La Coruña. Relleno en la encuadernación del protocolo 2.788.