• Penoso acceso a Ferrol a finales del siglo XVI

    5 octubre 2012 • Blog

    La fachada marítima del Arsenal y los nuevos barrios de La Magdalena y Esteiro de El Ferrol, 1872Hasta que, por Real Orden del 26 de agosto de 1851, se ponía fin a su aislamiento por tierra con Betanzos, su capital provincial, mediante la construcción de una carretera que hiciera olvidar las penalidades del antiguo Camino Real, finalizada entre los años 1856-1858, año este último en el que Ferrol obtendría el titulo de ciudad tras la regia visita de Isabel II (En nuestra libro “Miño, apuntes históricos y guia del municipio”. Fundación Caixa Galicia, 1984, pág. 81), las escasas cinco leguas existentes entre ambas poblaciones se convertían en territorio infranqueable.

    Según va dicho, el acceso a la villa departamental era toda una epopeya, razón por la cual las ciudades con puerto habilitado utilizaban la vía marítima como medio de transporte, como así lo efectuaban los vecinos de Betanzos y de su Jurisdicción Real, para facilitar el comercio entre ambas poblaciones, especialmente los días de feria y de mercado, con el embarque de los productos de la tierra, maderas para los arsenales, el pan de los hornos del Rey, y hasta los heridos franceses de la Guerra de la Independencia (Remitimos a nuestra obra ” La ocupación de Betanzos y su tierra por los franceses en 1809″ (Betanzos 2009), sin faltar el vino y el aguardiente, buenos aliados del marinaje.

    El ayuntamiento de Ferrol había convocado a sus capitulares para reunirse en sesión los días 15 y 17 de Diciembre de 1586, para tratar, entre otros asuntos, sobre el mal estado de los accesos a la villa. En la Junta celebrada el último de dichos días, a la que asistieron los muy magníficos señores Bernabé Bugueiro de Parga, alcalde de la dicha villa; Diego Sánchez Piñeiro y Bernaldo de Ferreiros, regidores, y Pedro de Santiago, procurador general, intervendría este último para exponer ante el cabildo lo siguiente:

    “En como los caminos publicos de la dicha Villa y por donde benían los bastimentos para ella y se solia andar a serbir ansi de a pie como de a caballo carro e bueis con las grandes llubias y de nubios que abian susçedido se abian caido y desecho de manera que no se podia andar ni pasar por todos ellos… como heran el camino que biene de Reçemil y por la madalana (Magdalena) para la dicha Villa, el qual la mar y el denubio derroco del todo y el Camino rreal que biene de Sancta Marina por Canido para la dicha Villa, el qual dende Sancta marina hasta el hospital biejo de canido no se puede pasar por aber en el pozos y huhesas (Hoyos) por donde no hera posible andar… y lo mismo el camino que viene de Serantes para la dicha Villa por la qual causa la dicha Villa y Republica padeçia ni las horneras della no haçian ni coçian pan por causa de no tener lena (leña), ni benian los mas bastemientos ni los traxineros que los traxian podian pasar por ellos e que lo mandasen remediar… o a lo menos echarlos por otra parte por donde se pueda andar libremente y en la chousa de Canido mandar poner sus cançelas como sienpre se a usado e acostunbrado…”. (Archivo del Reino de Galicia. Legajo 1.254-6, folio 72).

    Como se puede observar en el documento antecedente, la situación era crítica, y con toda claridad expone la problemática de Ferrol en aquel invierno de finales del siglo XVI, que auguraba a los vecinos una Navidad poco halagüeña, a la vez que nos permite sacar a la luz el acuerdo municipal más antiguo publicado hasta la fecha.