• Los Baños de Arteixo (IV)

    28 diciembre 2013 • Blog

    La actividad en los Baños de Arteixo habría de paralizarse, forzosamente, durante la Guerra por la Independencia. Una vez obtenida por los franceses una rotunda victoria en la célebre Batalla de Elviña (16-17 de enero de 1809), establecerían su Cuartel General en La Coruña, y al igual que había acontecido durante la retirada del Ejército Británico, todos los pasos se encaminarían hacia las reservas de granos de Bergantiños, cuyo Camino Real discurría por estos pagos, y vía de abastecimiento que se prometía por aquel entonces al Marqués de la Romana (en nuestra obra La Ocupación de Betanzos y su Tierra por los Franceses en 1809, Ayuntamiento de Betanzos 2013, pág.23), y que ahora era aprovechada por los gabachos para la práctica de sus rapiñas, que extenderían al lugar de los Baños.

    Tras la retirada de las hordas napoleónicas de La Coruña y de Galicia (22-23 de junio de 1809), se habilitarían algunas de las instalaciones de los Baños de Arteixo para la curación de enfermos y heridos del Ejército “… como se verificó… entre otras dela Casa qe hacia de Quartel con sus entradas y salidas para el patio y al frente de los Bañosreduciendo dho Quartel a Casas o abitazs (habitaciones) pª los qe concurren a aquel remedio…”, según señalaban sus propietarios pocos años después, una vez cumplida su función y a la hora de restablecerlas a su originario estado.

    Hallándose encarcelado en el castillo de San Antón de La Coruña, el adalid del liberalismo y Mariscal de Campo don Juan Díaz Porlier, tras haber sido condenado en Madrid a cuatro años de prisión por sus ideales políticos, y en particular por haber sido denunciado por conspiración contra el absolutismo, solicitaría permiso a las autoridades para acudir a los Baños de Arteixo a reponer su salud, muy resentida por la insalubridad de la prisión. Con esa escusa, el 19 de agosto de 1815, se trasladaría en compañía de su mujer, doña Josefa Queipo de Llano, a la Casa de Villariza, en la inmediata parroquia de Pastoriza, propiedad de su buen amigo y correligionario don Andrés Rojo del Cañizal, del comercio herculino, escoltado por una tropa bajo el mando del capitán don José Castañera, también adicto a su cuerda, y donde habría de entablillarse la estrategia para el pronunciamiento del siguiente 17 de septiembre. Entre los participantes en la conjura se encontraban, además de su propia escolta, don Pedro de Llano, don Juan Vega, don Ignacio Varela y don Juan Cuervo, entre otros.

    Noticia del alzamiento de Porlier en la Gaceta de Madrid, 1815. Archivo del autor.No sería fruto de la casualidad la intervención de don Juan Cuervo en esta trama, hijo de don Francisco Cuervo y de doña María Muñiz, y nieto de don Bernardo Cuervo, de quien partiría la idea de utilizar las instalaciones del lugar de los Baños, como tapadera y trampolín de las reuniones nocturnas que mantenían en la casa del Sr.Rojo. Una vez fracasado el levantamiento, el General Porlier sería sentenciado a muerte, en sumarísimo juicio, y ahorcado en la actual Plaza de España de La Coruña el 23 de octubre de 1815, y su mujer conducida al Colegio de Huérfanas de Betanzos, donde padecería reclusión hasta el año de 1820 en que sería liberada. Las cenizas del General Porlier, tras distintas exhumaciones (En 1823 el ayuntamiento herculino disponía la extracción de las cenizas de su monumento funerario, para ser arrojadas en la fosa común del cementerio, como habrían de sostener algunos cronistas como Vales Villamarin, pero no sería así), una generosa mano amiga las depositaría en el cementerio de San Amaro “… bajo el primer nicho de Don Miguel de Aguerreverre perteneciente a la Iglesia de San Nicolas…” , donde se hallaban el 12 de abril de 1841, según informe de los Síndicos del Ayuntamiento de La Coruña (Obr.Cit., del autor, pág.,251, nota 287). Sin duda el capítulo histórico más destacado del balneario.

    Por esta época, la mayoría de los complejos termo-minerales del País no contaban con servicios de asistencia médica, como era el caso de Arteixo, por cuya razón los bañistas se verían obligados a recurrir a sus médicos de cabecera, o sujetos a la atención de los facultativos privados establecidos en la ciudad de La Coruña, como localidad más a mano y a cuya jurisdicción Real pertenecía esta feligresía, y de no ser así, quedar expuestos a padecer las desgracias que ocurrían a menudo por falta de método.

    Sin embargo, esta carencia era suplida por los menos favorecidos con visitas a los curanderos , quienes aprovechaban las circunstancias para engrosar sus limitadas economías. En el lugar de los Baños, tenía su casa y era vecina Lucía Palleiro, quien ofrecía alojamiento durante la temporada de baños a su primo Antonio Varela, natural de Santiago de Arteixo, en donde ejercía como “manciñeiro” , bien “…en las ynmediaciones de los Baños de Arteixo entendiendo en sus Curativas…”, o en sus desplazamientos a la capital “..que anda por la Ciudad de la Coruña y sus ymediaciones…haciendo las mismas curas…”, como a la ciudad de Betanzos y sus alrededores, con el mismo fin de encontrar pacientes o mendigar. Entre sus destrezas, destacaba su aplicación de “…las Medicinas… heran un poco de Romero, Mirtos, Fiuncho, Gramas y un poco de Añil o pintura encarnada, rasparon las plata de dos duros, y pusieron con ella unos Emplastos a dicho Enfermo, pronosticandole los dos titulados Curanderos que vibiría siete años y cinco dias…”, también había tratado a “…varias mugeres que tampoco conoce y las curaba el mal esterico con hierbas…”, al igual “…que abia curado otras algunas personas y aun asimismo con baños de agua cozida con fiuncho, Salbia, Sauco y Romero… le dio los Baños de las rodillas abajo, labandole las piernas con el agua de dhas Yerbas…”, según declaraba el 20 de diciembre de 1814, ante el Corregidor de dicha ciudad de Betanzos, en razón de haber fallecido, el 15 de mayo anterior, su paciente Antonio González Barallobre, vecino de la parroquia de Santa María del Azogue, al que había tratado de sus dolencias ayudado por Isidro de Outeiro, labrador, medidor de sal de pala cargada y tabernero de la Angustia, en donde se hospedaba dicho Varela (Archivo Reino de Galicia.Causas, legajo 95-50).

    Es de general conocimiento, el interés mostrado por el rey Fernando VII hacia este tipo de establecimientos. Durante su cautiverio en Francia, quedaría impresionado de la balneoterapia practicada en el país vecino, de ahí que a poco de verse restituido en la Corona de España, dispusiera  revalorizar la explotación de estos complejos a nivel nacional. La medida fundamental, se centraría en la dotación de servicios médicos “…de suficientes conocimientos de las virtudes de las aguas y de la parte médica necesaria para saber determinar su aplicación y uso”, como preámbulo al Real Decreto del 29 de junio de 1816, por el que se creaba la ” Dirección de aguas y baños minerales del Reino”, y que dos meses más tarde, el 28 de septiembre de 1816, sería puesto en práctica con la convocatoria de una oposición para cubrir treinta y dos plazas de Médico-Director, con destino a los de mayor prestigio. Esta actividad se vería complementada por el Reglamento de Baños, dispuesto por Real Orden del 28 de mayo de 1817, con el que se daba el definitivo aldabonazo para que los Baños o Balnearios contaran con especialidad medicalizada, al determinar que “…no se permita á ningun enfermo el uso de ellos sino con su permiso…”.

    En esta primera etapa y como publicaba la Gaceta de Madrid del 28 de septiembre de 1816, únicamente se destinaban facultativos para Galicia, en Caldelas de Tuy, Cortegada, Caldas de Cuntis y Caldas de Reyes, como los más acreditados y con mejores instalaciones del Reino. El siguiente año de 1817, sería nombrado el doctor don Manuel María Dominguez Mosquera, médico director de los baños de Cuntis, y quien en 1818 sería destinado para dirigir juntamente los Carballo, convirtiéndose en el primer facultativo que atendería los Baños que tratamos.

    El doctor Dominguez era natural de San Mamed de Palmés, obispado de Orense, hijo de don Francisco Javier Dominguez de Puga, natural de Tuy, y de doña María Josefa Mosquera y Fariñas, natural de Celanova, casó con doña Antonia Herbella y Lloves, natural de Verin, hija de don Antonio Ventura Herbella Suárez de Puga, natural de Manzaneda de Trives, y de doña María Josefa Lloves Ogando, natural de la parroquia de Mugares, en Orense. Fruto del matrimonio sería sus cinco hijos, don Victoriano casado con doña Josefa Tenoi de Mera, dueña de la Casa de los Cabos de Redondela; doña Felicia, casada con don José María Rebolledo, dueño de la Casa Noguerol de la villa de Porriño; don Cipriano, doctor en Medicina y Cirugía, casado con doña Petra Martinez de Pinillos, del comercio de Madrid; don Felicísimo, casado con doña Modesta Ruiz Rozas de la Buena, de Ferrol, y don Modesto, de estado soltero, mayor de veintidós años, que dejaría el suelo patrio sin finalizar los estudios de Ingeniería, que abandonaba tras haber cursado cinco años. Eran vecinos de la ciudad de Santiago, con domicilio en el nº 98 de la Rúa de San Pedro y residían en la parroquia de Santiago de Arteixo.

    Hemos obtenido estos datos personales del testamento mancomunado otorgado en Arteixo, el 10 de agosto de 1849, por ante el escribano Pedro Lorenzo Vázquez, del número de La Coruña. En sus últimas voluntades dejaría constancia sobre su vida profesional:

    “…Ytem declaro yo el D.Manuel Mª Dominguez que soy Director Medico Politico de estos baños minerales de Arteijo, donde en el dia resido enfermo y de los de la villa de Carballo; y habiendolo sido de los referidos de Carballo desde el año de mil ochocientos diez y ocho hasta mil ochocientos veinte y cinco, me adeuda en este concepto esta Provincia, treinta y tantos mil reales segun liquidacion que se hallará entre mis papeles, caudal ya recogido de primeros contribuyentes y credito mandado pagar por repetidas reales ordenes: si llegase pues a verificarse el pago por espontanea disposicion de alguna autoridad, amante de lo justo, la repartirán entre si nuestros cinco hijos por iguales partes; pero si para conseguirla fuera preciso practicar diligencias y dispendios, es mi boluntad, que el hijo o hijos que la logren , lebanten la mitad y se reparta la otra mitad entre todos los cinco.

    Y mediante los papeles, discursos, memorias cientificas, correspondencia oficial, sellos y mas enseres de la Direccion , son inutiles a mi familia despues de mi fallecimiento, es mi voluntad que se invite con ellos a mi sucesor , y caso de que le acomoden se le darán por quinientos reales, o a un precio convencional en todo ó en parte : el hijo que crea hallar en ellos alguna utilidad , podrá apropiarselos sin cuenta ni razon menos el sello , correspondencia oficial y Reales ordenes que deben venderse: si todos los referidos hijos quieren dichos documentos , echarán suertes, ó los repartirán sin disputa ni reyerta de ninguna clase con igualdad.

    Ytem mando que tan luego como mi muerte sea una evidencia, se entregue mi Titulo de medico á la autoridad civil del pueblo en que suceda, bajo el competente recibo unico documento a que el Gobierno tiene derecho entre Todos los que actualmente me pertenecen…” (Archivo Notarial Coruña.Protocolo 9.041, folio 140).

    Como se puede observar, sus prevenciones denotan que era un hombre metódico, prevenido y escrupuloso.

    El doctor Dominguez habría de fallecer el 12 de agosto de 1849, y sería enterrado en Santiago de Arteixo al día siguiente en cuyo libro de difuntos puede leerse: “… Dn Manuel Maria Dominguez medico director de los baños de Arteijo y Carballo que fallecio aier, marido de Dª Antonia Herbella natural aquel de Sta Maria de Palmes obispado de Orense y esta de la de Mugares mismo obispado…” (Archivo Diocesano Santiago.L.S. Santiago de Arteijo.Difuntos 1722-1856, folio 185).

    (Continuará)