• El Fabriquero, el Sacristán Mayor y el toque de la prima

    Publicado en Betanzos e a súa Comarca el 01/07/2003. Página 30.

    El antiguo campanario de la iglesia de Santiago, desde el que se tocaba la prima (Foto: Martínez Santiso. Archivo del autor)El 17 de Febrero de 1815 Don Gregorio Toucedo y Amoedo, sacristán mayor de la iglesia de Santiago de Betanzos, presentaba una instancia ante La Justicia y Regimiento, en solicitud de aumento de salario por “tocar la campana de la prima por espacio de una ora”, habida cuenta de que el estipendio era satisfecho con cargo a los Propios y Arbitrios de la ciudad.

    Se quejaba el enunciado de percibir por su misión un cuarto de real diario, cuando venía pagando tres cuartos al monaguillo por realizarlo, lo que asegura afectaba a su bolsillo. Dos años antes la ciudad había tomado conciencia de esta realidad, y en respuesta a la circular de la Diputación Provincial del Reino de Galicia (única para las siete provincias) del 24 de Marzo de 1813, considera que debía subirse esta consignación “respecto el maior yncremento que desde dicho tiempo tomaron y tienen en el día todas las cosas” al igual que lo proponía para el resto de los funcionarios.

    Este reconocimiento en razón a la carestía de la vida, estima que la dotación “Al Sacristan Mayor de la Parroquia de Santiago, Matriz y principal de este Pueblo por hacer todos los días tocar la Canpana de la Prima le estan consignados, y pagan anualmente 44.- reales, que deben aumentarse a lo menos a 365.-“ (A.M.B. Actas Capitulares. Caja 14), y propuesta que seria postergada a causa de los acontecimientos y necesidades de la guerra contra el invasor francés.

    La rareza del documento y lo intrínseco de su contenido, nos invitan a presentarlo para acercar al lector a esta ocupación en olvido, dice así:

    “M. N. y L. C. (Muy Noble y Leal Ciudad)
    D. Gregorio Touzedo y Amoedo, Sacristan mayor de la Iglesia Parroquial del Señor Santiago de esta Ciudad, con la atención devida representa y dize a V.S.S. haber la costumbre immemorial de tocar la Campana de la prima por espacio de una ora, en el hibierno desde las siete de la mañana hasta las ocho, y en el verano desde las seis hasta las siete, por cuío trabajo le está señalado un quarto diario, que le pagan V.S.S. de los caudales de sus propios Arbitrios, siendo así que el exponente al monaguillo que sirbe en dicha Yglesia lo está haziendo, por solo aquel trabajo, de tres quartos de su bolsillo. La justificación de V.S.S. conoze mui bien lo poco que es la paga del enumpciado quarto por tocar una ora seguidamente la espresada Campana de la Prima, y no ser regular que el exponente de su bolsillo lo esté haziendo de más, viéndose por lo mismo en la nezesidad de manifestarlo a V.S.S. para el aumento tan justo e yndispensable, puesto que en otro caso le será preciso suspender dicho toque de la prima, que puede ser muy perjudicial, y en particular a los Labradores y Xornaleros, que se goviernan para principiar las Labores y su descanso a ella coso es notorio: por tanto a V.S.S. ocurre y rendidamente,
    Suplica que teniendo en consideración lo expuesto, se sirvan acordar se aumente dicho quarto lo mas a quatro, que es lo regular, y aun equitativo con arreglo a las circunstancias del día, o en otro caso aquello que V.S.S. contemplen justo y devido; Así lo espera del recto proceder de V.S.S.
    Betanzos, Febrero 17 de 1815
    [Firmado]. Gregorio Touzedo Amoedo [Rúbrica]” (Ibidem. Caja 3.071).

    No era la primera reclamación que presentaba ante el ayuntamiento: el 30 de septiembre de 1811 se quejaba de que “tenía que soportar la oblata y hostias a todos los sacerdotes que binieren a celebrar misa a dicha Iglesia”, con cargo a los cien ducados anuales que le tenía asignados la ciudad por su oficio de Sacristan Mayor “con la esperanza de cobrar (y nunca cobró) (sic) segun el exponente esta ynformado”, por lo que consideraba que dicho gasto “debe ser quenta de la Fabrica quando esta tenga efectos suficientes para ello como lo tiene la de Santiago” (Ibidem. Caja 11)

    El traspaso de competencias a que hacía referencia no se alejaba de la realidad, puesto que el Mayordomo Fabriquero de la iglesia de Santiago era nombrado por la Justicia y Regimiento el día de la Candelaria de cada año, de entre una terna propuesta por el párroco de la misma, en una ceremonia de significado carácter institucional.

    El 2 de Febrero de 1810, el ayuntamiento hace constar en las Actas Capitulares como “Salió la Ciudad formada, y llegando cerca de la Puerta Principal de dicha Iglesia, repicaron las campanas y salieron a recibirla Don Pedro Ballejo, Don Josef Vidal y Don Fernando Espiñeira, dando la agua bendita Don Benito Camposa menor, y entrada con este acompañamiento hasta el Cuerpo de la Iglesia, donde se hallaban los bancos de ella, en los que se colocó, y despues salió la procesión por la Iglesia presidida del Ayuntamiento, dando la buelta hasta bolber a restituirse a los asientos, y de concluida bino desde la Sacristía con sus ébitos y bonete Don Benito Vidal, quien sentado al lado del Señor Correxidor propuso a la Muy Noble Ciudad de orden del Cura Párroco para Mayordomo Fabriquero (La terna) a que se contestó que retirada la Ciudad determinaría lo combeniente, y en efecto habiendo salido la misma por la Puerta trabiesa de dicha Iglesia, con el acompañamiento referido y repique de campanas y llegada a esta Gasa Consistorial, teniendo presente que los tres propuestos son actos para ello, acordó nombrar al Manuel Pedreyra primer nombrado. Lo que se le haga saber para su acetación y cumplimiento, y noticie al Señor Cura Párroco por el presente escribano… Así lo acordaron Sus Señorías los Señores Justicia y Rejimiento de esta M.N. Ciudad que firman de que doy fee. [Firmado] Manuel Pérez, Antonio Mosquera, Nicolás Martinez, Baltasar de Pazos, Juan Antonio Alonso, Jacobo Couceiro. [Rúbricas] Aquerdo de la Muy Noble y Leal Ciudad de Betanzos. [Firmado] Francisco Fernandez Montenegro [Rúbrica]” (Ibidem. Caja 10).

    El nombramiento del Mayordomo Fabriquero por el Ayuntamiento y la relación con el Sacristán Mayor, ambos al servicio de la Iglesia, pone de manifiesto el respeto y el equilibrio que ambos poderes mantuvieron durante el Antiguo Régimen; una afinidad necesaria en este caso para despertar a la población y señalar el orden de trabajo de los labradores, con el tañido de una campana en la primera hora de la mañana desde tiempo inmemorial.