• El empedrado de la Calle de Santiago en 1621

    Publicado en Betanzos e a súa Comarca el 01/03/2005. Página 30.

    La Calle de Santiago, a principios del s. XX (Foto Ferrer)Desde tiempo inmemorial se venía observando la sana costumbre de que los vecinos mantuvieran aseados los frentes de sus casas, una medida de higiene y ornato todavía vigente en muchas poblaciones de nuestro País, y en “quanto a empedrados de Calles, se precisa al vecindario que componga cada uno su delantera” (Archivo General de Simancas. D.G.R. Libro 156-409.R-25), según entendía en 1750 nuestro ayuntamiento, y medida impuesta por parte de la Administración hasta nuestros días, en el reparto equitativo de contribuciones especiales para la construcción de vías públicas.

    Una de las realizaciones urbanísticas debidas al altruismo de la ciudadanía tuvo su desarrollo en el año 1621, por iniciativa del Señor Don Alonso de Lanzós Nóboa y Andrade, Caballero del hábito de Santiago, dueño y señor de la Casa y Torre de Lanzós, futuro primer Conde de Maceda y vecino de Betanzos, en el frente y entorno de su palacio situado en la “croa” del Castro de Untia.

    El proceso urbanístico se desenvuelve en dos fases y otros tantos contratos; la primera de ellas se debe a la necesidad de conducción de las aguas vertientes del edificio de su propiedad, que inundaban la bodega, en dirección a “la huerta de naranxos questa junto de la dicha Cassa”. La escritura de contrato con el maestro de cantería Baltasar González, se firma en Betanzos el 23 de agosto de 1621 (Archivo Notarial. Protocolo 100, folio 242, del escribano Alonso López Ballo), quien “le a de aser:.. un canal de piedra de Cantería… desde la hesquina de la Cassa nueba questa pegado con la Torre asta llegar a la hesquina de la dicha Cassa, acia la Cassa que fue del licenciado Sanchez y asta allí a de ser canal descubierto… y de allí asta dos baras adelante… a de ir cano cubierto con la mesma Cantería, con sus paredones a los lados… que tengan un palmo de halto bien corriente, que a de salir toda la dicha agua vertientes de la dicha Cassa y Torre, y la que baxa de arriba de açia el ssemiterio… y ansimesmo a de poner dos piedras de Cantería, labradas y llanas, que tengan ambas y dos una bara de ancho desde el ssemiterio asta la puerta de entrada de la dicha Cassa que sale a la yglesia del senor Santiago… y acabado dentro del mes de Setienbre que biene… por la qual dicha obra… le a de dar y pagar beinte y cinco ducados…”. La referencia a la “Cassa nueba”, viene dada por cuanto el conjunto paciego “antes de los incendios de la ciudad de Betanços heran casas prinçipales de mucha ostentaçion y grandeça… en el primero incendio… se quemó la mitad dellas… quedando la otra mitad de casa y el patio della descubierto…” (Archivo del Reino de Galicia. Legajo 24.764-5. La Coruña 31 de julio de 1646), como consecuencia del incendio general acaecido en el verano de 1569. A mayor desgracia “en el segundo incendio se quemaron del todo las dichas casas”, y la inmediata que “fue de Don Pedro de Ben, Arcediano de Nendos que la hizo y edificó, y tiene el día de oy sus armas de dicho Arçediano…” (Ibidem), en relación al incendio acontecido el 18 de setiembre de 1616, lo que obligó a su total reedificación.

    El 14 de agosto de 1621, Don Alonso de Lanzós formaliza una carta de pago con Ana Fernández de Aguilar, vecina de Santiago, y viuda del maestro cantero y constructor Melchor Vidal, a quien “la Señora Doña Aldonça de Noboa y Lemos, su madre del dicho Don Alonso”, le había contratado la construcción del palacio, mediante “escriptura de concierto con el dicho Melchor Bidal para que le hiçiese sus casas de la Torre de Lanços que tiene en esta dicha çiudad, según havía pasado por delante Albaro Sobrino, escribano que fue del número della”, por cuyo concepto había recibido en vida distintas cantidades a cuenta, y liquidación “satisfecha de la dicha obra y hedeficio de las dichas casas fuera alcançada con ciento y treinta y seis ducados” (Archivo Notarial. Protocolo 100. Folio 229, del escribano Alonso López Ballo).

    En cuanto a las aguas vertientes, la canalización habría de conducir también “la que baxa de arriba de açia el ssemiterio”, que se extendía por el frente y el lateral de la iglesia de Santiago, sobre el que levantó la casa del cura una vez excavado en 1899 y situado a nivel superior que la Calle del Atrio, cuya calzada discurría entre el cementerio y el palacio, proveniente de la Rúa Nueva, en terrenos de dominio público como veremos. El acceso principal de la casa quedaría protegido por dos piedras de cantería de una bara de ancho cada una.

    La siguiente actuación, se centra en la construcción de una “Calçada y calle”, de braza y media de ancho (2,087 metros), y separada de la Torre por otra braza y media (1,252 metros), de empedrado de pizarra, de tal suerte “que se pueda bien andar por ella de a pié y de a caballo y carros”, es decir transitable.

    En esta ocasión, Don Alonso de Lanzós recurre al buen hacer del maestro cantero Rodrigo Martínez, vecino de Betanzos, con quien se concierta el 25 de agosto de 1621, dos días después del anterior contrato. La calle a construir comprendía dos espacios bien diferenciados, la Calle del Atrio y la calle de Santiago, unificados por la nueva calzada “hasta dar en las carniçerias”, edificio situado al fondo de la segunda de las calles citadas.

    La lectura del documento contractual no deja lugar a dudas:

    “E dixeron questavan conçertados… en esta manera: El que el dicho Rodrigo Martinez a de haçer de empedrado, de buena piedra piçarra, una calle anchor de braça y media que a de ser junto de las cassas y torre del dicho Señor… que baya desde el cimiterio de la iglesia del Señor Santiago desta çiudad, donde le senale el dicho Señor don Alonso, hasta dar en las carnçerías, en la qual dicha calçada a de ser apartada de la dicha Torre una braça y media, o lo que se le senalare, y la a de haçer bien llana la dicha calçada y calle, para que se pueda bien andar por ella de a pié y a caballo y carros, haciéndole sus corrientes y de forma que sea bien hecha y firme, la qual a de dar… acavada dentro de quatro meses… de oy dia de la fecha desta escriptura…” (Ibidem. Folio 244).

    En la sesión municipal del 18 de noviembre de 1891 consta como el presbítero Don Domingo Antonio Dominguez Galán, propietario de la Torre y de la casa inmediata a ella, nº 29, expone al ayuntamiento su derecho de propiedad sobre el terreno situado enfrente de ambos edificios, en respuesta a una solicitud presentada por el apoderado del Excmo. Señor Marqués de Figueroa para abrir una zanja y conectar las aguas residuales del palacio con el caño de la Calle de Santiago.

    Como consecuencia de rebajarse el nivel del terreno que había sido cementerio en 1899, como va dicho, se produjo una “lomba” entre la Calle de Santiago y la Plaza de la Constitución “que dificulta el tránsito público”, según entiende el concejal Saturnino Feal Barro, en escrito del 30 de abril de 1906, del que se da cuenta en la sesión municipal del 2 de mayo siguiente. Esta propuesta habría de prosperar en la sesión del 24 de agosto de 1906, presidida por el alcalde y culto brigantino Don Calixto Leis y Ponte, dándose aprobación a la subasta de las obras con una salida de 1.521,09 pesetas, adjudicada el 7 de setiembre del mismo año al contratista Jacobo Crestar Faraldo.

    En la sesión municipal del 5 de junio de 1946, presidida por el alcalde Don Tomás Dapena Espinosa, fue aprobado por unanimidad el proyecto del monumento a “La Cruz de los Caídos”, obra del arquitecto coruñés Don Juan González Cebrián, a situar “frente a la fachada principal de la iglesia de Santiago”, en terreno de dominio público según queda ilustrado.