• Compra de mosquetes en el siglo XVI

    Publicado en As Mariñas el 12/03/1995. Página 16.

    Mosquetero. Grabados de Ejercicios de las armas, de Jacob de Geyn, la Haya, 1607. British MusseumLas compañías armadas de Betanzos habían participado en la defensa de la ciudad de La Coruña, ante el ataque inglés dirigido por Drake, en el año 1589.

    Una de estas tres Compañías, estaba al mando del capitan Don Alonso de Lanzós y Andrade, y era su Alférez Andrés López de Gayoso. Al año siguiente de la heroica gesta, y de seguro por el lógico deterioro de sus armas, el Alférez gestiona la adquisición de nuevos mosquetes.

    A pesar de que dependían directamente del Capitán General del Reino de Galicia, observamos que la Justicia y Regimiento de la ciudad colaboraba en su equipamiento, aunque fuese en calidad de préstamo, no en vano se les había asignado la defensa de la urbe y de su jurisdicción.

    Así aconteció con los mosquetes, segun manifiesta “Bartolomé Martinez mayordomo que he sido desta ciudad el ano de noventa (1590), Digo que en el cargo que sa me a dado para la cobranca de los propios y rentas de la dicha ciudad, se me a mandado cobrase de Andres Lopez de Gayoso, ducientos reales que la Justicia y Regimiento le abia preestado para la conpra de unos mosquetes, y despues que se me tomo cuenta y he pagado los dichos ducientos reales de mi cassa, se a dado auto en ayuntamiento en que no cobrasse los ducientos reales del dicho Andres Lopez, del qual dicho auto tengo nescesidad de un treslado del, a V. Md. suplico mande que qualquiera de los escribanos de ayuntamiento me lo de por mis derechos, e para ello lo firmo. [Firmado] Bartolomé Martinez [Rubricado]”.

    El 29 de Abril de 1594, el Procurador General de la ciudad, Alonso Ares, reconoce a Bartolomé Martínez como una de las personas implicadas en el auto, cuya entrega de traslado es autorizada por el licenciado Ruiz Mondragón.

    El mayordomo esperaba recuperar los doscientos reales que la Justicia y Regimiento le había prestado a López de Gayoso, su celo le llevó a cubrir personalmente el asiento, y a la hora de efectuar el cobro aparece el auto municipal que lo deroga. Un contencioso, en el que claramente se cruzan la buena voluntad del mayordorno con el enrevesado procedimiento administrativo del Antiguo Régimen, en medio de tan importante cuestión como la de dotar de mosquetes a la guarnición de la ciudad.