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Periódico "Betanzos e a súa comarca". Enero 2003. Página 30 | |
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"El Rey don Enrique... ordenó que de los Caballeros de Castilla estuvieren a pie con el su pendón de la Vanda..."
El calendario de estas salidas quedó reservado para muy contadas ocasiones, y a pesar de la evolución del protocolo -menos ceremonioso que en otros tiempos- se mantiene en lo esencial con discreto decoro. Por lo general, estas manifestaciones públicas, de gran significación simbólica, tenían lugar en las reales proclamaciones; en otros acontecimientos consagrados por La Corona, como bodas, natalicios, bautizos, defunciones, recibimientos de miembros de la familia real o de ilustres personajes; en la Candelaria y "dia de la Purificación de Nuestra Señora a que siempre asistio como oy deve asistir en forma de Ciudad dicha Justicia y Regimiento"; los Jueves y Viernes Santo y otras "como son las del Corpus Christi, rogaciones y la del Santo Roque Patrono desta dicha çiudad, como tanvien las que se an ofreçido assi con orden de Su Magestad por algunas Vittorias a las armas christianas y por los temporales del tiempo...", sin faltar a las vísperas y día de la Purísima Concepción en San Francisco, entre otras destacadas ceremonias. El encargado de custodiar, llevar y tremolar el pendón no era otro que el Alférez Mayor, y en su ausencia el Alguacil Mayor "que sigue en antiguedad al predicho oficio". Era aquél un cargo de gran importancia, otorgado por privilegio real y al que generalmente se le agregaba un puesto en el Regimiento, y cuya función aparece claramente definida en los títulos o Cartas Reales de su nombramiento:
El ritual de tremolar el pendón real se remonta al siglo XII, y tiene su origen en un acontecimiento plagado de intrigas alrededor de la regencia y tutoría de Alfonso VIII, disputadas por las casas de los Castro y de los Lara, como consecuencia de la minoría de edad del monarca. El enfrentamiento entre ambos linajes, genera una serie de conflictos que alcanzan los muros de Toledo en el año 1166, defendido por Fernán Ruiz de Castro; los de Lara, temiendo no poder tomar la plaza por las armas, negociaron con Esteban Illán, vecino de la misma, el acceso del Rey y de sus tropas en el recinto y torre de San Román, en la que lograron introducirse al abrigo de la noche, con el sigilo necesario para no despertar sospecha, y lugar apropósito para ondear su bandera al grito de "Toledo, Toledo, Toledo por Alfonso Rey de Castilla", lo que suscitó la adhesión apasionada de sus habitantes. Desde entonces esta expresión quedó incorporada al protocolo de las proclamaciones de los Reyes de Castilla y León, y se mantuvo hasta el primer tercio del siglo XIX. Acabamos de ver como el Alférez Mayor enarbolada el pendón real al frente de las tropas de la ciudad, cuando sus servicios eran requeridos por el Rey; al margen de esta circunstancia, la salida de la enseña o estandarte del término jurisdiccional constituyó una rareza, hasta la implantación en 1672 de la Ofrenda del Reino de Galicia al Santísimo Sacramento en la catedral de Lugo, a la que sigue acudiendo nuestra Excma. Corporación, en el turno establecido, como una de las siete capitales del Antiguo Reino. Una de aquellas excepciones, tuvo lugar con motivo del recibimiento dispensado a Carlos I en Santiago de Compostela, en la Primavera de 1520, para asistir a las Cortes que había convocado. El Ayuntamiento de Betanzos ordenó la confección de un pendón de damasco de Génova con su escudo de armas, y de nueve capas del mismo tejido para el Corregidor y los ocho Regidores, con el fin de representar a la Capital y su Provincia lo más dignamente posible, no en vano estaban invitados a la recepción oficial, en la que pretendían obtener del monarca la confirmación de los privilegios de la ciudad, como desde siempre habían hecho sus antecesores, según consta en la súplica suscrita el 7 de Mayo de dicho año:
En otro escrito complementario de la misma fecha, nuestras autoridades determinan el importe satisfecho por el pendón y las capas de damasco, y al mismo tiempo que justifican el gasto, solicitan permiso al monarca para satisfacer su importe con cargo a las Rentas y Propios de la ciudad, en los siguientes términos:
(Continúa) |