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Periódico "Betanzos e a súa comarca". Abril 2001. Contraportada | |
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El 16 de Abril de 1943, se inauguraba el Puente del Pedrido, una magna obra de ingeniería, que venía a facilitar la comunicación entre las márgenes de la Ría de Betanzos, hasta entonces unidas por medio de un servicio de pasaje, actividad que también había bautizado al puente. En el Antiguo Régimen, el impuesto de tránsito por el pasaje, pertenecía a la Renta del Portazgo de la ciudad de Betanzos, incluído en el Ramo de las Rentas de la misma y conocido como "del viento foráneo". En el año 1577, su remate había alcanzado la suma de 66.000 maravedís anuales, según potura del procurador Luis de Soto (Archivo del Reino de Galicia. Legajo 9.541-61), e importe que permite contrastar la equivalencia del subarriendo en el siguiente contrato:
(Archivo del Colegio Notarial de La Coruña. Protocolo 19, Folio 17, del Notario de Betanzos Juan Perez Alvarez. 1604). El último arrendatario de este servicio fué D.José Pérez Lorenzo "O Ferreiro", auxiliado por D. José Medin, un empleado siempre atento a la llamada procedente de la orilla opuesta, a donde acudía con un bote, de tratarse de un transporte ligero, o con el batel si la carga era mayor. Este batel tenía capacidad suficiente para el transporte de personas, caballerías y carruajes; todavía se recuerda el de una caravana de gitanos, en ruta anual que incluía la acampada en terrenos propiedad del arrendatario, en el mismo Pedrido. Los días de mercado en Sada, los vecinos de San Pantaleón das Viñas, acudían con la carga de los productos destinados a la venta, en estos casos la lancha ya estaba preparada en la orilla para pasar al Pedrido y de allí hacia Sada por sus medios, con parada casi que obligada en la taberna de Valeriana. En los últimos tiempos, se satisfacía por el pasaje un real por persona. En la orilla de la feligresía de Viñas, existía un embarcadero de piedra que sigue prestando servicio, mientras que en la opuesta del Pedrido se había construido uno de madera, de unos seis metros, de mayor dificultad para el desembarque, en razón al profundo corte del terreno que no permitía hacer pie en la pleamar. Había sido un lugar de gran asistencia y concurso de gentes, e idóneo para la venta de productos del mar, como practicaban los marineros de Miño en 1714, con "sonido de las Bocinas, como lo acostumbran ellos mismos y otros muchos mareantes del foz y contorno desta Ria quando llegan al Pasaje del Pedrido... a bender el Pescado que traien" (de nuestro trabajo La Pesca en Miño en el siglo XVIII). Un servicio de pasaje, utilizado por todo género de personas, con registro incluido en algún que otro itinerario, como el debido a Fray Martin Sarmiento en su viaje de 1745, en el que anotó:
El mismo pasaje que realizaron, el 15 de Diciembre de 1779, John Adams y su hijo John Quincy Adams, de pormenorizada descirpción en sus célebres Cartas, y quienes llegarían a ser segundo y sexto Presidentes de los Estados Unidos de América.
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