• Betanzos: Decreto del año 1475 en protección de los cultivos

    8 diciembre 2016 • Blog

    Las Ordenanzas de Gobierno de los pueblos y jurisdicciones de nuestro País fueron legisladas y promulgadas para regular el comportamiento de sus habitantes, en razón a la costumbre mantenida desde tiempo inmemorial convertida en norma tradicional por su propio peso, de manera que fuera respetada por todos en el ámbito de su implantación bajo las penas por incumplimiento que las autoridades señalaron como castigo a los contraventores. En síntesis suponen el control de los distintos aspectos de la vida local.

    A poco de haberse producido el levantamiento “irmandino” de 1466-67 (Véase en nuestra Historia Documentada de Betanzos de los Caballeros, Siglos XV-XVI, tomo I, pág. 405, fundación CaixaGalicia 1984), del que se cumplen quinientos cincuenta años, el ayuntamiento de Betanzos se ve en la obligación de poner orden y concierto ante las agresiones que padecían algunos vecinos de su jurisdicción, al respecto de la corta incontrolada de maderas, introducción de ganados en huertos y viñas, como asimismo el acceso con carros de carga sin permiso en grave perjuicio de los propietarios y llevadores, por lo que se dispuso a tomar medidas y reglamentar esas conductas lesivas para el bien común.

    En plena Guerra Civil castellana (1475-79), que ventilaba la consolidación en el trono de la reina Isabel I de Castilla, se produjeron situaciones en la ciudad de Betanzos y su jurisdicción Real que ponían en peligro el derecho de propiedad y en tela de juicio el aprovechamiento de sotos, huertos y viñas, lo que motivó que la ciudad sancionara un decreto para corregir aquellos desmanes, que más adelante los Reyes Católicos aprobaron y promulgaron como Ordenanza a petición de la misma Justicia y Regimiento (Ibídem. Véanse sobre las Ordenanzas de Betanzos, las de 1490 por los Reyes Católicos y de Felipe II el 7 de mayo de 1591, en páginas 354 y 116 respectivamente). La desmesura se había producido en propiedades de Juan García en Santa Cruz de Mondoy, en cuyo nombre presentó una petición ante el corregimiento el procurador Rodrigo de Tobar con la exposición de los hechos, e instancia que fue atendida por acuerdo municipal del 2 de marzo de 1475, que sería notificado a los vecinos al día siguiente en la iglesia de dicha feligresía, como vamos a ver.

    Reunida la Ciudad en Cabildo en sus Reales Casas Consistoriales el 2 de marzo de 1475, presidido por el alcalde García Ares de Mesía, adoptó el acuerdo inserto en el siguiente mandamiento:

    “En a çiudad de Vetancos A dos dias do mes de marco ano do nacemento de noso Senor ihuxpo de mill e quatrocentos y setenta y çinco anos en a audiençia dass besperas ante diego garcia lugar theniente de alld (alcalde) por pº (Pedro) fernandez dandrade e garcia ares de mesia allde (alcalde) da dita çiudad a pedimento de rrº (Rodrigo) de toar (Tobar) por y en nonbre de juan gra (García) queixadino mandou so pena de trinta soldos que ninguna persona ni personas Veçinos da dita çiudad ni suas Jurdicions non corten nin talen madeira nen paos nen anden por suas Viñas y cortiñas nen deyten en elas gado a paçer nen porcos nen fagan en suas heredades carrega nen descarrega so a dita pena de treinta soldos por cada Vez a metade pa a Justiçia e a outra metade para o acusador E mandou ao dito Roy de toar queo apregoase por a dita Vila e lugares acostumados porque delo non pretendan ynorançia por Notario y testigos testigos (sic) presentes gonçalo de çesuras e goncalo froesta e Juan pttas notarios e outros. E despois desto a tres dias do mes de março ano sobredito por min o notario de yuso escrito fui lida e noteficado este mandamento en a iglesia de Santa cruz (Signo) en persona de Juan de lamas e de alonso garçia e Juan pasarino E Juan marino E gza etc. etc. etc. (sic) armo e de Afonso do Canpo e de Lopo Felipez e de outros muytos questavan en a dita iglesia presentes los testigos afonso de parrega cligo (clérigo) e Juan de gayoso e Roi martins Reimondez Lopo Sobrino notº (notario)”. (Inédito. Copia del original en el archivo del autor).

    El documento antecedente es un traslado efectuado por Juan Pascual, escribano de número y Concejo de la ciudad de Betanzos, quien señala que se encontraba junto con otras escrituras en pergamino firmadas y signadas de Gonzalo Fernández da ponte nova escribano de Su Majestad, a petición de Juan Porca como hijo y heredero de Alvaro Sobrino difunto, y por mandato de Diego de Valdivia corregidor de la misma. Sirva como aclaración que en nuestra obra citada (pág. 133) consta en la relación de corregidores que gobernaron en Betanzos, que el 6 de abril de 1566 fue recibido el licenciado Valdivia como corregidor ante el citado Juan Pascual, escribano, y cargo en el que se mantuvo durante dos años. En cuánto a Juan Porca, promotor del procedimiento, era padre de Alonso Porca que tituló la 5ª Travesía de la Rúa Traviesa o 4ª Travesía de los Clérigos y del Pinche, cuya entrada figura asimismo en esta web.

    Ante la intrusión que padecían los viñedos, plantíos y sotos de la Jurisdicción Real, además de habilitar Alguaciles del campo para su vigilancia (Véase nuestro trabajo Insignias Jurisdiccionales de la Ciudad de Betanzos de los Caballeros, capítulo Los Alguaciles, publicado en el programa oficial de fiestas patronales de 2003, y en separata por el ayuntamiento), las autoridades consintieron el cierre de las explotaciones de viñedos y demás cultivos de las distintas monterías del entorno de la ciudad, mediante la utilización de cercas provistas de puertas, “Cancelas” o “Cancillas”. La del grabado se corresponde con la construida en la montería de Brabío, enfrente del Camino Real a Castilla, según diseño del maestro Manuel García y rematada en 810 reales en José Paz, maestro carpintero vecino de Betanzos, según se aprobó en la sesión municipal del 19 de mayo de 1843 siendo alcalde don Celestino Martínez del Río (Archivo Municipal de Betanzos, caja 24, sin catalogar), satisfechos mediante el reparto de 5’24 reales a cada uno de los ciento cincuenta y cuatro propietarios. Habría de fabricarse la pared con un grueso de tres cuartas y dos varas de largo a cada lado, incluidos los miembros de cantería con sus cortes y batientes, girando la cancela sobre un orificio formado en la parte superior de la piedra y en la inferior mediante un gozne instalado sobre un recio guijarro con sus aspas para clavar en el marco de madera de castaño “…sin nudos Bellota ni betas… y los claros qe no pueda ningun animal pr pequeño qe sea introducirse adentro…”.

    La cancela de la montería de San Martín de Brabío

    Algún remedio o medida deben adoptar asimismo las autoridades con los jabalíes que merodean por el lugar de Insua (Viñas), en el tramo de la carretera N-651 que conduce a Ponte do Porco, donde se han producido más de siete accidentes desde el pasado mes de agosto, provocados por manadas de estos animales salvajes. Los tres últimos, el 17 de noviembre en que arremetieron contra Manuel “El portugués”, nuestro convecino de Insua, quien tuvo la suerte de que la presidenta de la Cofradía de Pescadores de Miño pasara por allí y diera aviso a la Guardia Civil de Tráfico que asistió al accidentado, quien fue acometido por un primer ejemplar y otro más le embistió hasta desplazarlo de la moto varios metros en el mismo vial, y accidente de cuyas resultas está fuertemente contusionado y con lenta recuperación. El pasado viernes 2 de diciembre fueron causa de otros dos accidentes: los jabalíes provocaron la salida de un vehículo de la calzada en dirección a Ponte do Porco, y en dirección contraria poco después se producía otro en semejantes circunstancias. Algo parecido nos sucedió viniendo de Betanzos en A Penadaguia (Souto) hace un par de años, en donde igualmente hace dos días un vehículo estuvo a punto de despeñarse por la misma razón. Sólo cabe pensar si los responsables de la seguridad ciudadana esperan a que alguien fallezca para la búsqueda de soluciones. Por de pronto y en prevención de cualquier otra desgracia deberían remediar este peligroso caos con la instalación de “Cancelas” o vallas protectoras, como las que situaron nuestros antepasados para eludir el acceso de ganados, puercos y desalmados a los plantíos hace quinientos cincuenta años.