• Algunas intervenciones de la Santa Inquisición en Betanzos

    Publicado en Betanzos a súa Comarca el 01/12/2003. Página 30.

    Arriba: Portada del Índice de Libros Prohibidos - Abajo: Portada del Arte de Navegar, de Pedro de Medina (Edición de Valladolid, 1545). Madrid, Museo NavalNo resulta sencillo ahondar en las actuaciones de la Santa Inquisición en Betanzos, por la escasez de fuentes de información, y en concreto por la desaparición de la mayor parte de los documentos del Tribunal de Santiago, empero se nos brinda esta posibilidad a través de documentos externos al Santo Oficio existentes en los fondos notariales no clasificados del Archivo Municipal de nuestra ciudad. Presentamos el resumen de esta primicia que al completo, apéndices incluidos, ha conformado nuestra comunicación al XXIX Congreso Nacional de Cronistas Oficiales de España, celebrado en Ávila del 2 al 5 inclusive del pasado mes de octubre.

    Expone Jaime Contreras, en su importante obra “El Santo Oficio de la Inquisición en Galicia” (Akal, 1982, pág. 151), como en 1579 se establece un acuerdo entre la Inquisición y el Consejo Real para regular el modo y la manera de como se ha de realizar la visita de navíos, sobre todo ingleses y holandeses y también de los barcos de Castilla que comercian con el exterior, por “el cuidado que los herejes tienen de meter libros en estos reinos para sembrar con ellos sus falsos dogmas y errores… Advertireis a los comisarios de los puertos dese distrito y otros por donde se entienda puedan entrar los dichos libros, lo estén de mirar muy particularmente los que se traxeren…” (1576).

    El 5 de octubre de 1600, transcurridos veinticinco años de la definitiva implantación del Santo Oficio de la Inquisición en Galicia, tiene lugar en el puerto “del Pai fermosso” de Betanzos una inspección inquisitorial del navío “La Esperanza”, a la busca de libros y documentos factibles de la propagación del protestantismo.

    La visita, tal y como estaba reglamentado, se realiza por el regidor Antonio Pita Barela, comisario y familiar de la Inquisición en la ciudad de Betanzos y su provincia, acompañado por el bachiller Juan Fernández Pereira, clérigo fundador de la Cátedra de Latinidad, además de dos testigos, quien comenzó la inspección por los camarotes del maestro Juan Benetier y del contramaestro Juan Garito, en los que revisaron sus arcas y dentro de ellas varios libros de navegación y unas hojas sueltas en latín que “allaron buenas”, y tras asegurarse bajo juramento de que no disponían de más libros, procedieron a la apertura de dos cofres situados en otras dependencias, en cuyo interior únicamente hallaron una carta de navegación sin haber visto “ninguna imagen ni crucifixo ni otra cosa ninguna de que poderse inferir sospecha” (Archivo Municipal de Betanzos. Documentos Notariales. Caja 3099, folio 332. Año 1600. Escribanía de Juan Pérez Álvarez).

    Dos meses antes, el 5 de agosto de 1600, el mismo regidor es protagonista de un acontecimiento de gran significado y de relevancia social de la época, como lo era la defensa de su preeminente condición social. Acompañado del escribano Juan Pérez Álvarez, del número y de ayuntamiento de Betanzos, se presenta ante el Capitán Albornoz, de guarnición en la ciudad, haciendo valer sus derechos como hijodalgo y comisario familiar del Santo Oficio con el fin de que ordenara desalojar de su domicilio a los seis soldados que le habían repartido, de cuyo servicio de alojamiento de tropas estaba exento en razón “demás de ser hijodalgo notorio que por ser tal no se le podían hechar, hera comisario y familiar del Santo Oficio, como le constaba por el titulo y comisión que tenía de que le acía demostración”. Los efectos de la intimidación son inmediatos y el capitán Albornoz responde “que él hera y sienpre avia sido muy obediente al Santo Oficio, y quel no avía hechado los dichos soldados al dicho Antonio Pita como tal comisario, sino por ser uno de los más Ricos y prençipales Regidores del lugar”, una lisonjera manera de solventar el entuerto (Ibidem. Folio 187).

    Entre otras connotaciones, se movían intereses muy dispares, como los derechos de visitas y en ocasiones requisas y retrasos con el fondo de las pretensiones económicas o de aventajados negocios sin olvidar las inmunidades obtenidas por hallarse bajo el fuero del Santo Oficio, una condición muy atractiva para ascender de estamento social.

    La venera, insignia de la Inquisición gallega

    La venera, tan vinculada al Apóstol Santiago y a los peregrinos que acuden a su casa compostelana, habría de ser insignia inquisitorial. Debemos la noticia a uno de los mandatos post-mortem del familiar de la Inquisición en Betanzos Don José Manuel Martínez de Neira.

    El 13 de julio de 1798, dictaba su testamento ante el escribano de Betanzos Don Benito Manuel García Pérez, postrado en la cámara domiciliaria del barrio de La Cañota, y entre otros mandatos dispone:

    “Iten Digo y Declaro que la venera que tengo y con que se me condecoró para Exercer el oficio de familiar del Santo Oficio de la ynquisicion de este Reino, tenía intención de Dexarla a Nuestra Señora de la Soledad, que se venera en la Capilla de la Iglesia del citado Combento de Santo Domingo de dicha Ciudad, para adorno de su santa imaxen en los días de Juebes y Viernes Santo pero siempre que mi hijo y heredero Don Juan Ignocencio Martínez teniente de Infantería y del Reximiento Probincial de Compostela se quiera por devoción quedar con ella lo poderá Executar dando la limosna de Cien Reales de vellón para Culto de dicha Santa Imagen, cuio importe o alaja entregará al Padre Prior que es o fuere de el mismo Combento, uno o lo otro a su voluntad” (Ibidem. Documentos Notariales. Caja 3.102).

    El testador había sido mayordomo de la Ilustre Cofradía de Nuestra Señora de la Concepción, y estaba casado con Doña Sebastiana González de Ermida, fruto de su unión fue su hijo Don Juan Inocencio Martínez González Hermida, destacado regidor de la ciudad y en razón de ello nombrado Diputado para el Reino de Galicia en 1808; fue autor de enardecidas proclamas por todo el país, y fruto de sus inquietudes la formación y equipamiento de un respetable ejército, y entre otras realidades la consecución de una Escuela de Primeras Letras de que la ciudad carecía. El hijo de este último se llamaba Don Juan Bonifacio Martínez, a quien su abuelo le deja en herencia “las hebillas de Plata de los Zapatos y las de las Charreteras”, que muy posiblemente perdería el 11 de febrero de 1811, fecha en que falleció “en los Campos de Badajoz en la Acción del once de febrero del año pasado de mil ochocientos once”, cuando las tropas del Regimiento Provincial de Betanzos, incorporadas al Ejército comandado por Mendizábal, hostigaban a los franceses posicionados en la horquilla de los ríos Guadiana y Gévora (Ibidem. Actas Capitulares. Caja 15).